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Poesía

Jugo de limón

Malena Falicoff · 1 min de lectura

Jugo de limón
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Jugo de limón

Con este calor de enero

tardan más en coagular las yemas abiertas.

Esta noche de luciérnagas ciegas

y cardenales callados sigo sangrando

jugo de limón.



Las almendras respiran dentro de sus capullos

arropadas en un aceite viscoso

como de ballena blanca y ríen

de mis tobillos enclenques que adelgazan

con cada pisada.



Y San Isidro duerme

mientras tanto sin mosquearse

de los óvulos y los huesos

que voy dejando sobre las piedras

del sendero. Y no soy ni seré una ofrenda o un recuerdo:

avisé que en vez de venas había pulpa,

que en vez de ombligo

había savia. Pero nada.

Silencio.



Cuando termine de mudar la piel

vendrán los colibríes

a beberme entera, a hundir

sus alas rosadas

en mis cavidades amarillas. Dejaré

incluso que hagan de mi boca

un refugio momentáneo antes de volver

a la calma blanquecina

de San Isidro.

// fin del texto

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